Los ecosistemas suministran una amplia gama de bienes y servicios a las personas, comunidades, pero también a los negocios. Por ejemplo, los bosques suministran madera, regulan el clima mediante la absorción de dióxido de carbono y producen recursos genéticos para medicamentos. Los arrecifes de coral proporcionan refugio, alimento y zonas de cría a especies de interés comercial, protegen las zonas costeras de la erosión y atraen a turistas. Los humedales y praderas marinas absorben enormes cantidades de dióxido de carbono, ayudando a mitigar el cambio climático, ayudan a reducir las inundaciones y purifican el agua. Estos y otros beneficios de la naturaleza se conocen como “servicios ecosistémicos”.

A pesar de la importancia ecológica, cultural y económica de estos servicios, los ecosistemas y la biodiversidad que los sustenta, se están degradando a una escala sin precedentes. Entre otros factores, uno de los motivos de que esto siga sucediendo es que el valor de los ecosistemas para el bienestar humano y desarrollo económico todavía se subestima y no se considera en la planificación estratégica, ya sea en una institución o en cualquier ámbito de gestión.

En gran medida, los beneficios de sus servicios no se capturan, o solo en parte en la economía convencional.

La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (Millennium Ecosystem Assessment)[1] manifestó que la degradación de 15 de los 24 servicios evaluados a nivel global y evidenció el vínculo inherente entre los sistemas sociales y ecológicos. Es decir, describe la dependía de las personas y la naturaleza, y pone de manifiesto que las personas con demasiada frecuencia dañan la naturaleza, poniendo en peligro su propia capacidad de desarrollo, salud y bienestar.

La idea central es que la condición humana está estrechamente vinculada a la condición ambiental.

A partir de estos movimientos, se propone un nuevo enfoque para comprender cómo la naturaleza produce una amplia gama de servicios, cuantificando la tasa y el valor de la prestación de estos servicios, y modelando las conexiones entre éstos, y los sistemas socio-económicos.

En la figura 1 se presentan medidas que fortalecen tales procesos:

 

 

Herramientas para la evaluación e integración de los SE en la toma de decisiones

En los últimos años se han desarrollado diversas herramientas y nuevos modelos para evaluar los sistemas sociales y ecológicos como un todo complejo, considerando la interrelación y retroalimentación de los elementos, fraguado en la consolidación del concepto de “sistemas socioecológicos”.

Un ejemplo es la iniciativa de la Comisión Europea (CE) para el “Mapeo y evaluación de ecosistemas y sus servicios (MAES)”, propone un marco de referencia para medir la condición de los tipos de ecosistemas en función de una selección de indicadores.

En esta línea, la CE a través de la Estrategia de Biodiversidad de la UE para 2020, hace un llamamiento a los Estados miembros para mapear y evaluar el estado de los ecosistemas y sus servicios en su territorio nacional.

La degradación de los ecosistemas se encuentra también estrechamente vinculado al ecosistema empresarial, de forma que estos impactos y dependencias, presentan una serie de riesgos empresariales, así como nuevas oportunidades.

Así como el agronegocio depende de los servicios de polinización, control de plagas y control de la erosión de la naturaleza, las compañías de seguros se benefician de la protección costera proporcionada por los humedales, praderas marinas o arrecifes de coral, mientras que la industria del turismo se beneficia del valor recreativo de este ecosistema.

En esta línea existen diferentes iniciativas que permiten a las compañías avanzar en el proceso de evaluación e integración de los servicios ecosistémicos en las estrategias corporativas. Un ejemplo es el Estudio sobre los servicios de los ecosistemas corporativos (ESR, de sus siglas en inglés) orientado a desarrollar estrategias para manejar riesgos y oportunidades de negocio que surgen de la dependencia e impacto de su actividad en los ecosistemas.

 


[1] La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio fue una auditoría internacional de los ecosistemas y sus servicios de cuatro años, impulsada por el entonces secretario general de la ONU Kofi Annan, que involucró a más de 1.360 científicos, economistas, profesionales de negocios y otros expertos de 95 países para evaluar las consecuencias del cambio del ecosistema para los humanos